Más emprendimiento social, por favor

Vale, que sí, que vengo a contaros una noticia bonita y maravillosa, pero antes vamos a hablar vosotros y yo.

Desde septiembre de 2016 he convivido, a través del Programa de Emprendimiento Social de Barcelona Activa en colaboración con Tandem Social, con muchos proyectos de economía y emprendimiento social. Proyectos que, ya sea a través de su producto o servicio o a lo largo del proceso de creación del mismo, crean impacto y cambian el mundo.

 

Durante mucho tiempo me he encontrado desubicada en el clima emprendedor. Hasta tuve una crisis sobre si de verdad era mi sitio. En verano del año pasado creía, sinceramente, que mis aventuras por aquí habían acabado. Veía un tipo de emprendimiento que, personalmente, no me gustaba. Un emprendimiento con los mismos valores de fondo que las empresas de hace 50 años, con modelos anticuados. Innovadores en metodologías o soluciones, sí, pero anticuados en la forma de ver y hacer el mundo.

No, está claro que no puedo pedir que todo el mundo cambie sus creencias y sus valores. Revisarse es un ejercicio personal de cada uno y, desde luego, yo no soy el mayor ejemplo. No pretendo, ni mucho menos, criticar a compañeros emprendedores. Cada uno tiene su camino y elige el lugar en el que más cómodo está y me alegro muchísimo de que cada uno pueda encontrar su lugar en este mundo.

Como iba diciendo, yo no encontraba el mío. Siempre, desde pequeña, he tenido la necesidad de ayudar a los demás. De hacer algo. De cambiar algo.  Cuando empecé en Think Big Jóvenes aprendí un poquito más sobre emprendimiento social y supe orientar mi proyecto al mismo, pero, en algunos ambientes sentía que al pronunciar la palabra “social” los inversores, jurados de premios, referentes en el mundillo, señores (porque señoras, pocas) de finanzas, miraban a otro lado. Cambiaban la cara. 

Obviamente, que yo hable de que el impacto social para mí es tan importante como la sostenibilidad de mi proyecto, no significa que no quiera que mi proyecto sea estable. Cuando yo digo eso, quiero contar que valoro tanto el impacto social como la facturación. Para mí, ambos son igual de importantes en mi trabajo.

Entiendo que, quien no valora el impacto social entienda que si digo eso no me importa la facturación o que mi proyecto no será viable. Este, amigos, es vuestro problema: tenéis la creencia de que cuando hablamos de impacto social rebajamos el nombre del proyecto o la importancia que damos a hacerlo sostenible. Eso solo lo podéis cambiar vosotros. Os invito a hacerlo.

Cuando digo que para mí son igual de importantes, digo que son el centro de mi trabajo. Digo que cuanto más crezco más impacto creo. Que para mí, medir el impacto social supone conocer la calidad que estoy ofreciendo a las personas para las que trabajo, reciclar constantemente lo que hago, adaptarme a las necesidades de las personas y saber qué será lo siguiente que debemos hacer. Por lo que, hacer el proyecto sostenible y facturar, se convierte en algo clave: cuanto más sostenible sea mi plataforma, más podré invertir en crear impacto social. 

Finalmente, puedo decir que he encontrado mi sitio. Estos meses en el programa me han ayudado a comprender más sobre economía social y a revisarme como emprendedora. A comprender que el impacto social puede estar en todo nuestro CANVAS. Que puedo crear impacto en mis gastos (desde comprar tarjetas de visita hechas con material reciclado, hasta contratar profesionales en riesgo de exclusión social), en mis relaciones clave, en mi manera de gestionar mi entidad.

He conocido grandes personas y proyectos: Uttopy, CrearSA, Start Act, Wish.Will, Drylicious, Giraffa, La reutilitzadora, Fotoraporto, La Tregua, Aethnic, Muñecas Totem, Cuina pel comunal, Bee Path, My Book Case, Micotopia, Proper, Esclatec, Eines i llibres, Melting Pot… con cada una de las personas que hay detrás de cada nombre de proyecto he aprendido mil cosas y he vivido experiencias importantes para mí. Me han hecho sentirme en mi sitio, junto con Tandem Social y Barcelona Activa.

¿Por qué os digo que necesitamos más emprendimiento social? Porque no puedo evitar pensar que, igual que yo no encontraba mi lugar, puede que otras personas sientan lo mismo. Puede que muchos proyectos no salgan a la luz por no encontrar su sitio. Por perderse en la vorágine de emprendimiento que nos rodea y que a veces, más que información, aporta mitos y estereotipos sobre el mundo emprendedor. Creo que es importante que, quien decida emprender lo haga cómodo/a, en su lugar. Aprendiendo de todo, pero también teniendo su espacio seguro. Así que sí: más emprendimiento social, por favor.

Y tras toda esta experiencia, estos meses de formaciones, de conocer otros proyectos, de generar sinergias, de cerveceo después de jornadas intensivas de trabajo y de muchos abrazos por parte de Judith (esto había que decirlo), llegó el final del programa. Y tuve el lujo de ser una de las finalistas junto con otros cuatro compañeras (y compañero). Los nervios, el estrés, el “no llego”, el miedo y, por qué no, la alegría de saber que pasase quien pasase se lo había currado con creces, nos acompañaron en la seminifinal a todos. Pero en la final reinó la necesidad de mostrar al mundo, en unos pocos minutos, todo lo que queremos aportar.

Finalmente, el día 31 de mayo en BizBarcelona llegó la entrega de premios y no puedo estar más contenta. Después de un mes en el que la ansiedad se me había disparado, en el que, por qué no vamos a decirlo, recaí en la depresión (y aquí seguimos) y trabajar se me hizo verdaderamente cuesta arriba, llegaba el momento de escuchar los nombres de los tres escogidos como mejores iniciativas del programa (me vais a perdonar, compis, porque creo que todos, todos, somos mejores iniciativas. Creo que el nivel era abismal y que cada iniciativa merece tener ese título). Y cuando quedaba el primer premio por otorgar y yo ya había apostado con Óscar un Muffin a que yo no iba a ser la elegida, van y dicen mi nombre.

Creo que aún no me lo creo del todo. La verdad. Reí, lloré, y acabé teniendo que ir al fisio al otro día porque mi espalda se quedó con toda la tensión del momento, pero es la primera vez en mucho tiempo que me siento orgullosa y feliz con mi trabajo y eso también tenía que transmitirlo aqui. Y, no, no es por el premio. Es porque, durante todo el programa, me he sentido como en casa.

Así que sí, más emprendimiento social. Más economía social, por favor.

Gracias Sergi, Blai, Andrea, Concha y María José. Gracias Emilia.

Gracias a todos por esta experiencia :).

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Pd: Oye, mirad, que PerspectivaMente aparece en La Vanguardia, tampoco vamos a dejar de decir esto, digo yo.

 

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