La responsabilidad de emprender

Como os dije hace tiempo, cada vez me siento más alejada del “emprendimiento”. He sentido como poco a poco dejaba de identificarme. Me he puesto gafas de diferentes colores y he visto privilegios, conductas y situaciones que no me han gustado y que no van con mis valores, así que cuando hablo de economía social estoy mucho más cómoda. Sin embargo, no quiero dejar de usar esa palabra. El por qué es simple: si necesitamos reflexionar sobre emprendimiento debemos hablar de él. Es un término con el que espero volver a sentirme cómoda, pero mientras tanto, me queda explicaros qué me gustaría ver. Una de esas cosas es la responsabilidad.

Cada vez me rodeo más de personas que me hacen ver la importancia de emprendedores y empresas para reflejar los valores que la sociedad necesita. Necesitamos diversidad, conciencia, respeto, tolerancia, aceptación. Necesitamos responsabilidad. Gracias a personas como Marina (leed su medium si queréis aprender sobre diversidad en tecnología) he aprendido esto y no quería dejarlo pasar. Necesitaba hablar de ello en mi rinconcito online. En este sitio más bien privado y austero que se ha terminado convirtiendo en mi diario de «señora que intenta emprender».

No voy a decir que lo estamos haciendo todo mal (pero un poquito sí). Lo que voy a hacer es enseñaros una lista de cosas que me rechinan, que me agobian, que creo que no están bien. Y repito: esta es mi opinión. No tengo otra. No puedo cambiar ni mis valores ni lo que me incomoda para usted. Pero usted sí puede cerrar este pequeño blog y leer contenido que le guste más.

1.- No, no todos tenemos “Friends, fools and family” disponibles. Prometo que cuando voy a una charla y alguien dice que pidamos préstamos usando las tres F me dan tics nerviosos. Sobre todo porque viene tras un “todos podemos emprender” que también me pone muy, muy nerviosa. Ni todos podemos emprender, ni todos queremos emprender, ni todos tenemos que emprender. No eres más que el que decide trabajar por cuenta ajena. Y no deberías serlo.

Tampoco todos tenemos personas cercanas a las que pedirles préstamos. Y si me dices que todos podemos emprender y que da igual que no tenga dinero o contactos ¿por qué luego asumes que en mi entorno los hay?. Cuando pasa esto me apetece mucho llevaros a mi madre, viuda con una pensión con lo justo, para que os explique por qué su hija no puede emprender como los demás. Y por qué vuestro discurso debería, al menos, ser coherente. Si decís que todos podemos emprender, enseñad formas de hacerlo realistas. Que las hay.

2.- Vale, vamos a hacer como que en el punto uno nos ha ido bien por FFF o por otras opciones. Montamos nuestra empresa. Nos han enseñado a hacer un CANVAS, planes de tesorería, plan de marketing, nos han enseñado a trabajar en equipo, usar muchos post-its (permitidme el humor, porfiplis) y a gestionar nuestra empresa. ¿No nos falta algo? ¡Ah, sí!

La Responsabilidad Social Corporativa. Que nos la enseñan como algo parte de la empresa, como un contenedor más y no como un eje transversal. Da igual que no quieras crear una empresa social. Da igual que no busques impacto. Da igual que quieras crear una empresa para ganar dinero. La responsabilidad social debería ser un eje transversal en todas las empresas, sea cual sea su objetivo. No debería enseñarse como un tema más. No basta con poner al final del mail un “no imprima este correo si no es necesario”. Tampoco basta con llevar trabajadores voluntarios un día a una residencia. Ni con participar en las actividades de alguna asociación. Eso ayuda, claro, pero no basta si son momentos puntuales y no valores internos.

3.- ¿Qué más nos falta? ¿qué no me han enseñado que debería tener en cuenta en ese eje transversal que es la responsabilidad social?

  • Realizar procesos de selección justos para todos, que nos permitan dar acceso a nuestra empresa a todo el mundo, evitando estereotipos y sesgos.
  • Crear códigos de conducta que nos permitan hacer que todo el mundo esté cómodo. La diversidad no solo se consigue contratando, también creando un espacio seguro. Favoreciendo unos valores que hagan que todos estemos bien en nuestro trabajo. Y sí, ojalá estos códigos de conducta no fuesen necesarios, pero tal y como está el ambiente, lo son.
  • Disponer de buenos planes transversales de responsabilidad social. Analizar en qué aspectos nuestra empresa hace mal al entorno, incluir ese análisis en nuestro canvas e implementar estrategias que lo suplan.
  • En ese plan transversal, también deberíamos analizar qué podemos aportar. Sea o no nuestro objetivo crear impacto social, es esencial que pensemos de qué forma podemos trabajar para que esa responsabilidad esté presente en toda la empresa y no en un único contenedor que usamos de manera puntual.
  • Realizar actividades que favorezcan la presencia de valores de tolerancia, respeto y apoyo a la diversidad que hay en nuestra empresa. Actividades que eduquen, deconstruyan y conciencien a nuestros trabajadores.
  • Hacer que nuestros espacios sean cómodos para todos.  Cuidar la salud mental de las personas que trabajan con nosotros e incluir en los espacios zonas que nos permitan relajarnos, aprender y sentirnos seguros.

Seguro que me dejo muchas cosas más en la lista. De hecho, estoy segurísima de que próximamente tendré que hacer una segunda parte de este post, pero aquí va mi pequeña reflexión sobre el tema.

Podéis aportar más en comentarios :).

 

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