Entrevistas a tu público: la mejor forma de aprender

Llevaba mucho, mucho tiempo queriendo hacer este post. Normalmente, cuando hablamos sobre emprendimiento siempre nos avisan de la importancia de conocer al público al que nos dirigimos. De validar con él nuestra hipótesis de trabajo. De adaptarnos a sus necesidades y entenderles. Siempre nos repiten lo mismo: Debemos salir a la calle, hacer entrevistas.

Y sí, tienen toda la razón. Pero yo espero que con este post pueda motivaros más a hacerlo. Básicamente voy a hablaros de mi experiencia. De qué me sirvió y de para qué me está sirviendo. Pero vamos por partes.

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Antes de comenzar

Cuando tienes una idea, lo lógico es salir a validarla. Hablar con gente y hacer entrevistas. En mi caso, mi primera toma de contacto con las personas a las que trato de ayudar fue a través de observaciones en talleres, de charlar con asociaciones y de tenerlas a algunas de ellas en Facebook. Básicamente mi recogida de información se basó en eso. Y, efectivamente, fue un error.

Fue un error porque asumí que yo, por haber vivido la situación que había vivido con mi hermano con TDAH ya entendía perfectamente la problemática que viven las familias y las personas que tienen el trastorno. Bueno, es cierto que entendía la problemática, pero también es verdad que realizar entrevistas a familias y personas con TDAH me hubiera ayudado a comprender sus necesidades mejor. De todas formas, el proyecto fue avanzando y, la verdad, nos apoyó bastante gente.

Pero llegó un punto de inflexión en verano. No es que pensase que esto no iba a salir adelante, pero sí que las cosas empezaban a tambalearse. El equipo cambió por completo y no estaba del todo contenta con lo que hacíamos. En el fondo tenía la sensación de que no podía tirar la toalla porque aún no lo había intentado de verdad, y, qué queréis que os diga, tenía razón.

En otro post hablaré sobre el tema. Pero, voy adelantando: Tengo Trastorno de Ansiedad. Por supuesto, nunca ningún psicólogo me lo había dicho, pero después de mucha terapia y entender que había cronificado la ansiedad y que ahora forma parte de mi vida, conseguí una orientación diagnóstica. Os cuento esto básicamente porque mi ansiedad, mis miedos, mis preocupaciones hacían que me quedase tras el ordenador y que no lo “intentase de verdad”. No me malinterpretéis. Trabajaba bastante, sí, y por supuesto, lo daba todo por mi proyecto, pero sabía que tenía que hacer algo más y no me atrevía.

Después de hablar con personas que ya tienen su experiencia en emprendimiento social me di cuenta de eso. De que no lo estaba intentando de verdad. De que los miedos y las pre-preocupaciones estaban pudiendo conmigo. Así que poco a poco ideé un plan con el que poder estar contenta de verdad. Me organicé y además, comencé el Programa de Emprendimiento Social de Barcelona Activa, lo que me ha ayudado bastante a salir de esa zona de confort en la que, aunque vivía con ansiedad, era capaz de controlarla.

Tras una sesión sobre detectar necesidades de las personas con las que queríamos trabajar, descubrí qué es lo que quería hacer realmente. Me di cuenta de que en el proyecto estábamos poniendo una tirita en una herida que no paraba de sangrar y me planteé qué podíamos cambiar para, aunque pongamos la tirita, hacer que la herida no sangrase.

No sé si me he explicado bien con la maravillosa metáfora de la que os he hablado, pero supongo que me vais pillando. El proyecto dio un giro que, personalmente, me hizo sonreír. Sentir las mariposillas en el estómago que la gente normal suele sentir por otras personas y no por trabajo. Decidí que, aunque no podía echar el tiempo atrás, sí que podía salir a la calle y hablar con esas personas a las que quería ayudar.

Si quiero ayudar a alguien, qué mínimo que usar la empatía y tener a esa persona en cuenta ¿no?

Por qué jugar en el barro

Bueno, ya que más o menos entendéis en qué punto estaba cuando decidí que tenía que salir del huevo POR FIN, os voy a contar por qué es tan importante salir.

Sí. La parte obvia la conocéis. Hacer entrevistas a personas con las que quieres trabajar en tu proyecto te ayuda a validar tu idea. A entender la necesidad con la que trabajas. A mejorar tu proyecto. Y eso es genial y obviamente, debe formar parte de los procesos de innovación y emprendimiento PERO, no es lo que más me está llenando.

Lo que más me llena a mí, como emprendedora social, es la cantidad de cosas que estoy aprendiendo. Voy haciendo entrevistas prácticamente cada semana. Me las voy organizando poco a poco porque hay mucho que procesar y tengo mucho trabajo que hacer. Además, hacerlas cada semana me recarga. Sé que suena egoísta, pero hablar cada semana con tres o cuatro personas a las que mi proyecto va dirigido, me hace motivarme más. Tener razones para trabajar más y mejor.

Pero eso no es todo. Cuando hablo con las personas que hablo, intento ayudar en lo que puedo. A veces me piden consejo y yo intento darlo, por supuesto. Intento ayudar. Pero es que sin darse cuenta terminan ayudándome más ellas a mí. Hablar con ellas no solo me ha hecho comprender mucho más sus necesidades, o validar mi hipótesis, o pensar en cómo mejorar y ampliar nuestro impacto social. Hablar con ellas cada semana me hace crecer como persona. He terminado llorando en más de una de las entrevistas. He terminado contándoles mi historia y aprendiendo lo fuertes que son las familias con las que hablo. He terminado aprendiendo sobre la vida y he hablado con personas que me han enseñado a ser fuerte, a comprender, a sentir que trabajamos juntos por algo que merece la pena y a entender que mi proyecto no es mío. Que es de ellos y ellas.

Gracias a cada entrevista, cada día soy capaz de empatizar un poquito más. De comprenderles. De recordar por qué trabajo. Creedme: eso merece la pena.

Así que si teníais dudas, espero que seáis capaces de salir del cascarón, jugar con el barro y acercaros a esas personas con las que trabajáis. Más allá de un modelo de negocio, quitandoos el sombrero de emprendedores por un ratito y aprendiendo de ellos. Os aseguro que aprenderéis más que en cualquier ponencia.

Por mi parte, a todas las personas con las que hablo se lo digo, y me reitero: gracias a todos los que me habéis permitido un huequito en vuestro día a día. Me habéis hecho crecer mucho más de lo que pensáis.

 

 

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CANVAS: La propuesta de valor

Seguimos haciendo nuestro CANVAS, por si acaso os recuerdo que hace unas semanas comenzamos con la segmentación de clientes aquí.

Nuestra propuesta de valor se define como aquel factor que hará que nuestros usuarios nos elijan a nosotros. Aquello que nos diferenciará de la competencia y que solventa la necesidad de las personas para las que trabajamos. Lo ideal es que nuestra propuesta sea innovadora, ya sea porque tiene algún atributo diferente de la competencia o por ofrecer un producto o servicio completamente diferente.

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CANVAS: La segmentación de clientes

Podemos emprender nuestro proyecto por muchas razones. Podemos comenzarlo porque encontramos un problema que hay que solucionar, queremos ayudar a nuestra sociedad a mejorar, o, simplemente, nos apetece emprender en algún sector o hemos visto una oportunidad de mercado.

La cuestión es, que, siempre nos será necesario identificar quién es nuestro cliente, aunque cada vez me gusta menos esa palabra: Como nos dijo Luis Sallès (CreatusDominus) en una de las últimas formaciones que hemos tenido en Yuzz Sant Cugat, hemos pasado de buscar clientes a querer tener hooligans o fans de nuestra marca (algo que, personalmente, me parece muy importante que tengamos en cuenta). Sin embargo, a nivel de estrategia, de modelo de negocio y para seguir el modelo CANVAS, en esta ocasión, hablaremos de clientes.

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